20 jóvenes visitan El Valle en el programa de intercambio con Villaneuve La Riviére

 El municipio de El Valle ha acogido estos días la visita de un grupo de vecinos de su pueblo hermano, Villeneuve la Rivière, situado al sur de Francia. El encuentro está enmarcado en el programa de intercambio de visitas entre El Valle y el pueblo francés, hermanados desde hace más de diez años.

Esta vez, la expedición ha estado formada por unos 20 jóvenes con edades comprendidas entre los 14 y los 17 años que han venido acompañados del alcalde de Villaneuve así como por la asociación de hermanamiento ‘Villeneuve d’Ici et d’Ailleurs’, con Jean Belbeze a la cabeza.

El grupo de los 20 jóvenes se han alojado durante estos días con familias de los pueblos de Melegís, Restábal y Saleres, que  muy amablemente les han acogido y les han procurado una estancia muy agradable introduciéndoles en el entorno y en las costumbres de los hogares de El Valle. Desde ahí se han desplazado cada día para cumplir con un amplio programa de visitas y actividades de ocio que les han permitido conocer nuestra comarca y alrededores, así como Granada capital y la Alhambra.

 

Actividades

Los jóvenes franceses han pasado unos días muy entretenidos con una amplia agenda lúdica y cultural adaptada a sus edades. Además, las familias de El Valle han podido acompañarles en muchas de las visitas.

Entre otras actividades, han realizado una ruta en bicicleta que les llevó a conocer los molinos de Nigüelas; también han hecho actividades de turismo activo en Río Verde y Barranco Luna; han visitado la Alhambra y las cuevas de flamenco del Sacromonte. Y han deleitado a sus ‘familias’ españolas con una cena típica francesa elaborada por ellos  mismos.

 

Reencuentros

Han sido unos días de convivencia y reencuentro entre ‘hermanos’, que no han hecho más que afianzar los lazos de amistad existentes. En unos meses, serán los jóvenes vecinos de El Valle quienes viajen a Villeneuve la Riviére para conocer el municipio.

Como colofón final a la visita, que ha durado una semana, el pueblo de Saleres era escenario de una gran jornada de convivencia y hermanamiento donde los vecinos de El Valle actuaron como perfectos anfitriones para hacer sentir como en casa a sus ‘hermanos’ franceses. Así, no faltó el buen ambiente y una buena paella para todos los visitantes.

El grupo ha pasado una semana alojado con familias de nuestro municipio para conocer la cultura, la historia y la gastronomía de Granada y El Valle de Lecrín.

Nº 289 - Diciembre 2018

Ojo de Halcón

Ramón

Sánchez

Desde la Casa Grande de Padul

Así fue,

así pasó

 

Eduardo

Ortega

David Ríos

Balcón

del Valle

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Polvorón viene de pólvora y a cada cosa su tiempo

Antonio Serrano

 

Mi debilidad son los mantecados, por ello ando comiéndome las uñas esperando las benditas fechas que además de colmar el remanente de ilusión infantil que mi alma mohosa esconde como  un niche de canicas de arcilla o como esa rebanada de suela de alpargata con la que tanto jugué a las tacas que encontré ha pocos días en mi bancal seguramente acarreada, Dios sabe cuándo, en una carga de estiércol y que increíblemente hizo las delicias de mis nietos de tres y cinco años, enganchados a los mandos (nunca mejor dicho)  de los juguetes electrónicos, compitiendo, yo con una laja de  brillante micacita y él con su aplanchetada suela de tocino, en el más ancestral y paleolítico de los juego. La chica derramaba todo el salero del mundo entregándonos por trofeos chinos de arena blanca  recogidos primorosamente en las ramblitas que escapan al Zahor y estampándonos un beso fogoso, ensordecedor como esos cohetes que a fuer de frecuentes han perdido el encanto que trae la impaciencia con que se aguarda una fiesta. los mantecados mantienen aún la categoría de delicatesse de temporada que en este mundo globalizador han perdido hasta las frutas.

No quiero imaginarme, con lo  que me gustan, el empacho que me supondría comerlos todo el año, y qué decir de los niveles de colesterol y la sobrecarga de tejido adiposo que acumularía mi lacerado organismo aparte de la irreparable pérdida de alegría con que los aguardo. Y es que las piscinas cubiertas, los helados y las uvas todo el año han restado interés a las estaciones. ¿Dónde han quedado aquellas pandillas de niños peregrinando por las cuestas de Vacamía o del río en busca del refrescante chapuzón?  Estamos perdiendo la capacidad de ser pacientes, de ilusionarnos con los tiempos y de admirarnos con los acontecimientos. A medida que se nos vacía el aire de trinos, de borboteos, de esquilas, y chacoloteos se nos llena de estruendos impredecibles, de ruidos interminables y de estremecimientos incontenibles. No lo van a creer, pero me chupé todos los mítines de las anteriores elecciones municipales buscando un programa que prometiera acabar con los zumbidos decidido a votarlo aun traicionando mis convicciones. No lo encontré. Nuetra querida urbe seguiría siendo la población con más contaminación acústica de la comarca y seguramente de la provinicia.

Nuestra condición cosmopolita (de la que me congratulo enormemente)  nos ha llevado a la costumbre de zamparle al vecino en las narices unos cuantos cuescos pirotécnicos, tracas o morteros cada año por san Roque, san Antón, san Sebastián, santa Ana, la Virgen del Rosario, de las Angustias, Santiago... ¡Ni la arquilla el turrón! Si a eso se suma que se me casa la niña, que gana mi equipo, que quiero reunir a la vasca o que me sale de los pantalones... Lo que siempre fue una alegría se ha convertido en un fastidio. La tradición mandaba poner cohetes sólo en la procesión de san Blas y san Ramón. Así se esperaban con gusto y, si tenías niños pequeños o mascotas tomabas tus precauciones yéndote a otro lugar. Un amigo mío pirofóbico que no sé cómo se las arreglará ahora pues es cura, se encerraba en el cine de Manuel Padial (Lecrín Cinema) desde las cinco de la tarde cuando empezaba la sesión continua con un programa infantil para todos los públicos, hasta las doce de la noche que acababa con la última de Sarita Montiel, censurada para mayores con reparo o gravemente peligrosa, con un ojo cerrado y otro semiabierto para evitar la tentación sin perder el hilo del drama, haciendo oídos sordos o ahogando el alboroto exterior con la banda sonora de la película pegado a los altavoces doblemente amplificados por tener que competir con el over-booking del gallinero, el  estallido del castillo y el volteo del repique recio. Me comenta Conchita que en san Ramón se le murió el perrillo de un infarto. Parece ser frecuente este suceso. Antes la población de estos animales casi se reducía al servicio de cazadores, gañanes y pastores con lo cual eran especialmente resistentes a escopetazos, voces y silbidos. Me duele no poco pensar en toda esa población de infantes cada vez más en peligro de extinción o en esa cada vez más numerosa de ancianos decrépitos si no agónicos, muchos terminales, (gracias a losservicios médicos y los cuidados paliativos se tiende más a que los ciudadanos mueran en su casa) que han de soportar en los prirmeros o en los últimos días de su vida tan inquisitivo tormento. Por esto, los abuelos, de tal modo enternecidos con los bebés como endurecidos con los mayores y con no pocos cartuchazos en el cuerpo decidieron poner fin al desmadre organizando un retén en permanente imaginaria que corriera a zombrerazos a los zumbados detonantes o cuando menos avisara a la benemérita o la municipal. Tengo que reconocer que surtió efecto la contraofensiva o tal vez el celo de la autoridad competente pues es patente de una parte acá que respiramos con menos chamusquina polvorosa  y dormimos sin sobresaltos.

Los Mosqueteros del Santísimo de Béznar en Bubión

María Eva Ruiz Ruiz - Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Lecrín

Con motivo del Congreso Internacional “Recordar la Guerra, Construir la Paz” en el 450 aniversario de la Rebelión de las Alpujarras,   los Mosqueteros del Santísimo de Béznar fueron invitados el 21 de noviembre a la ceremonia de inauguración de dicho congreso en Bubión (Granada). Ha con  tado con la participación de más de doscientas personas llegadas desde nueve países tan diferentes como Francia, Alemania, Argentina, Estados Unidos y todas las naciones del Norte de África.

Un congreso multidisciplinar en el que se reflexionará sobre la guerra, las minorías en España, Género y América, o Lingüística, entre otros temas. Margarita M. Birriel y Raúl Ruiz han subrayado que “la importancia del patrimonio histórico-cultural y el desarrollo económico a través del turismo, que generará un interesante debate académico en el seno del congreso”

En palabras de Raúl Ruiz Álvarez, uno de los organizadores del “Lo que pretendemos es pensar sobre los 450 años desde esa guerra, y hacerlo con instrumentos de análisis del presente para generar un mejor futuro”.

El Congreso se inició con la presencia del Presidente de la Diputación, José Entrena, los Consejeros de Igualdad y Políticas Sociales y de Turismo y Deportes y los Directores del congreso, Margarita María Birriel, Raúl Ruiz Álvarez, la Rectora de la Universidad Pilar Aranda y la Alcaldesa de Bubión. La conferencia inaugural fue impartida por el Catedrático de Historia Moderna Manuel Barrios Aguilera que destacó la importancia del uso de fuentes fidedignas para poder reflexionar sobre la guerra de las Alpujarras.

Los Mosqueteros del Santísimo de Béznar tenían prevista su exhibición sobre las 12 de la mañana pero debido a las inclemencias del tiempo se vieron obligados los directores del Congreso a suspender el pasacalle y fue en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Bubión donde hicieron su intervención. A pesar de la intensa lluvia, los Mosqueteros, en la puerta de la iglesia hicieron detonar sus mosquetes o arcabuces.

 Para los que aún no conocen a Los Mosqueteros del Santísimo tienen que remontarse al siglo XVI alrededor de 1566.

Tras las revueltas de un grupo de moriscos, concretamente los monfíes, se formó una milicia local que sofocó dicha sublevación y éstos quedaron victoriosos trayendo de nuevo al pueblo al Santísimo que había sido sustraído por los musulmanes. La  intervención de don Juan de Austria en el 1571 fue decisiva y constituyó  a la Hermandad de Los Mosqueteros del Santísimo otorgándoles el privilegio de escoltar al Santísimo, además de uniforme y de los mosquetes o arcabuces que se usan en la fiesta y que a día de hoy son los mismos. Pasan en herencia de generación en generación, aunque en la actualidad sólo quedan ya 13 de los 35 originales.

Actualmente los Mosqueteros se hallan en un expediente abierto para convertirse en Patrimonio Histórico Andaluz.

EL HUMOR DE ERNESTO

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