Así fue, así pasó

Desde la Casa Grande del Padul por Isidoro

Isidoro Villena

Fue el 20 de Mayo, Domingo y,  medio pueblo estaba de comuniones, el Cielo se abrió  y comenzó a caer agua de tal manera que poco tardó la Rambla en llenarse hasta lo alto. Esta lluvia no cayó en el pueblo con tanta intensidad, venía de las Cañaillas, Camperte hondo-jondo- y  de los Tajos. Todas las aguas que cayeran por los alrededores y tuvieran como lugar al que enviarlas a  nuestra Rambla, o Rambla de los Alcarceles.

Todo esto daba miedo porque hace once años y el Sr. Alcalde, estrenándose como tal, cayó tal cantidad de agua que esa sí que hizo daño, mucho daño. Luego, cayó otra tormenta que también destrozo todo lo que pudo. Pero de esta, mas reciente, llegaron a caer cuarenta y tres  litros en media hora eso daba  miedo, y me comentan que en el puente de la rambla, en la calle Camino de Motril, nosotros lo llamamos, Camino de los molinos, se atrancó el agua por la cantidad de materiales que arrastraba

Y daba más miedo entre el vecindario. A propósito, nuestra rambla cuenta con un presupuesto aprobado por la Excma Diputación Provincial  que ronda los siete millones de euros para canalizarla, falta hace, pero suponemos, con toda seguridad, de que en el proyecto, que tanto está tardando en su ejecución lleva medidas para que ese puente nunca más sea un lugar de aguas desbordadas. Seamos realistas, pero los labradores deban de estar satisfechos, pero con sus “peros”. Pero tendrán Alpacas, Cebada o avena para los animales.

Para cuando este ejemplar de nuestro periódico salga al mercado, todos los estudiantes, desde los más pitufos hasta los universitarios, habrán terminado sus “sufridos” exámenes, aprobado sus cursos y se dispongan a pasar un Verano entre piscinas y actividades deportivas, que muy escrupulosamente han sido programadas desde el Área de deportes del ayuntamiento.

Todos sabemos, tal vez lo tengamos que recordar, que el Área de deportes del pueblo ha estado preparando muy escrupulosamente esas actividades e incluso como se van a llevar a cabo. También sabemos que el Área de la Juventud está preparando sus actividades y que su concejal está moviéndose como en él es normal. Se usan las pistas del área deportivo y allí los monitores fijarán sus fechas y horarios.

 

Como curiosidad, los usuarios de la acequia que nace en la Fuente Malnombre, nos han dicho que es una pena muy grande que tantas personas se aprovechen  de sus aguas, que cuando se ponen comunicados de limpieza de la acequia, sólo aparezcan unos diez o doce cuando en realidad son muchos más los usuarios que disfrutan de sus aguas y no cogen el azadón para limpiarla.

De pequeños, los veranos veíamos muchas golondrinas y vencejos, estos eran llamados “aviones” y que en muy pocos años se han borrado del mapa. Razones? Sí, claro que las hay. Antes se sembraba mucho en nuestros campos y caían al suelo semillas que servían de alimentos para todos, pero ahora, y cuando el tiempo lo impone, llueve o no llueve y entonces no se siembra como antes, donde Padul fue un pueblo totalmente cerealista. Hoy no tenemos de nada.

Aún recuerdo como en la puerta de la Casa Grande nos poníamos por las tardes con cañas a ver quién derribaba más Vencejos. La verdad es que caían bastantes, cosa de chiquillos. También era muy frecuente ver los “volaos” de los tejados con algunos nidos de estos animales, pero hasta los nidos eran motivos de apuestas entre los críos como al que consiga derribar  un nido le vamos a dar; libritos de papel, una lima, o bién lo poníamos de capitán del equipo cuando fuéramos a jugar al futbol  contra los niños de otros barrios paduleños.

Está muy claro, los tiempos cambian y hasta nosotros, ya que si nos miramos en un espejo para peinarnos lo que vemos en frente está ya un poquito deteriorado. Pero nos vamos a conformar diciendo: desgraciado el que ya se haya ido de este mundo y no pueda ver sus arrugas. Por otro lado, nos quedamos muy sorprendidos cuando en la precesión del Corpus Crhistis de Padul, no se hubiera dado la orden de retirar los vehículos para poder pasar y no encontrar las calles tan estrechas.

Isidoro Villena

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