BALCÓN DEL VALLE

Recóndita armonía

 

A la misma hora, ajenos a la mirada indiscreta del fotógrafo, dos habitantes del Valle se toman un respiro en sus quehaceres diarios.

David Rios

La primavera brota ya con fuerza por entre las faldas de Sierra Nevada. Las flores caprichosas del romero capturan entre abejas el azul del cielo, alternándose al azar con el blanco de las jarillas que se abren paso por taludes y caminos. La baja montaña nevadense se va haciendo vega poco o poco, pendiente abajo del pago del Romeral, buscando la llanura paduleña. La espumosa bravura de las aguas del río Dúrcal busca también, a su modo, el sosiego de la planicie. Ladera arriba, hace tiempo que la aulaga se despojó definitivamente de su amarillo navideño para regalárselo a la retama, llenando de diminutos soles los bordes de acequias y ríos.

A primera hora de la tarde, con el astro rey apuntando en lo más alto hacia la calidez del sur, le sobra a la raposa su pelaje de invierno. Mira directamente al sol, adormecida por el rumor de la arroyada que agita el fondo del valle, acicalándose tranquilamente en su seguro rincón. Confía en sus infalibles sentidos del olfato y del oído, que no detectan en ese momento nada sospechoso.

No muy lejos de allí, apenas a unos cinco kilómetros en línea recta del zorro, sestea la cabra montés sobre la ladera de solana del barranco del Pleito. Al abrigo de su repisa, colgada caprichosamente sobre el abismo, sabe que nade ni nadie le va a molestar en un tiempo. Se deleita entonces con las maravillosas vistas de la cabecera del estrecho valle, con la inmaculada blancura de las cumbres nevadenses, a la vez que, sin darse cuenta, cierra poco a poco los ojos. El hilo de plata -de escaso caudal- que humildemente discurre por lo más hondo del barranco, le canta una nana de verdes pastos tapizando de borreguiles la alta montaña, allá por junio, cuando llegue el deshielo...

Hoy todo está en orden también por aquí, en este paréntesis de insospechada armonía, recóndita pero cercana a la vez de nuestra propia vorágine, del incesante trajín de idas y venidas, de un lado para otro, muchas veces tratando de llegar a los sitios incluso antes de haber salido. Sufrida condición la del ser humano, olvidándose casi siempre de fabricar sus propios rincones y repisas de tranquilidad, independientes de la ruidosa problemática del entorno, donde poner a salvo sueños y convicciones.

 

  Directores: Fabienne y Vitaliano Fortunio  -  Tlfno. contacto y para contratar publicidad: 666 64 78 24