Rutas desde Nigüelas

La Vereda de la Estrella (I):

Tramo Vegueta del Caracol - Puntarrón

del Vadillo

David Rios

Salimos temprano con nuestro vehículo de Nigüelas, tenemos por delante un trayecto de aproximadamente 45 km hasta llegar a la localidad donde comienza nuestra excursión.

Usamos la autovía E902/A-44 para cubrir los primeros 25 km que nos separan de Granada. Tardamos apenas 20 minutos con tráfico normal.

Antes de llegar a la capital granadina tomamos la salida 132 hacia la Ronda Sur. Manteniéndonos en el carril izquierdo, cogemos la A-395 con dirección a Sierra Nevada / Pinos Genil.

Siguiendo por la A-395 atravesamos el Túnel del Serrallo, la carretera transita ahora por la margen izquierda del río Genil.

A unos tres kilómetros y medio de la boca de salida del túnel nos salimos a la derecha para tomar el desvío que conduce a Cenes de la Vega/Pinos Genil/Güejar Sierra/Dúdar/Quéntar.

Cruzamos el río Genil y, dejando el núcleo urbano de Cenes de la Vega a la izquierda, giramos hacia la derecha para incorporarnos a la carretera provincial GR-420. Una señal informativa indica que aún faltan 10 km para llegar a Güéjar Sierra.

Continuamos por la GR-420, obviando el desvío a la izquierda que aproximadamente  a un kilómetro y medio conduce a las localidades de Aguas Blancas, Dúdar y Quéntar.

A partir de esta bifurcación la carretera pasa a denominarse GR-3200. Siguiendo de frente y dejando atrás Pinos Genil y la Presa de Canales alcanzamos por fin, a unos 8,5 km del desvío anterior, el pueblo de Güéjar Sierra.

Una vez que entramos en el núcleo urbano continuamos por la GR-3200 de frente hasta que, todavía dentro del pueblo,  llegamos a una bifurcación. El ramal derecho baja al río Genil, atravesando la cola del embalse de Canales y remontando por la ladera izquierda del valle hasta conectar, en las inmediaciones del Dornajo,  con la carretera A-395 que sube desde Granada a Sierra Nevada.

 

Para dirigirnos a la Vereda de la Estrella, tomamos la calle de la izquierda. Unos 6 kilómetros separan esta bifurcación del comienzo de nuestro recorrido a pie por la Vereda de la Estrella.

Poco a poco el carril que traemos va bajando a media ladera hacia el río hasta llegar a la estación de Maitena, en las inmediaciones del río Maitena con el Genil, del que es afluente por su margen derecha.

La pista se estrecha a partir de dicho punto, dejando de estar asfaltada y atravesando hasta cinco pequeños tramos en túnel hasta llegar al paraje conocido como la Vegueta del Caracol, en la confluencia del río Genil y el Barranco de San Juan.

A partir de la estación de Maitena hemos el trayecto que empleaba el antiguo tranvía de Sierra Nevada.

Dejamos el coche en una explanada junto al merendero situado al final del carril y cruzamos un pequeño puente para situarnos en el punto de inicio de la Vereda de la Estrella.

Una vez en el paraje de la Vegueta del Caracol, a unos 1160 m de altitud, cruzamos un pequeño puente para buscar el Arroyo de San Juan, ya dentro de los límites del Parque Nacional de Sierra Nevada.

Continuamos unos 50 metros junto su cauce hasta encontrar el inicio de la vereda, que al principio tiene su parte más dura, unos 15 minutos de subida más o menos constante. Aunque el recorrido es en general bastante asequible, tan solo algo exigente por la longitud del mismo (11 km de ida y 11 km de vuelta si se completa en su totalidad), a lo largo de este tramo inicial es donde se salva un mayor desnivel. También se ha de supera algún tramo en subida al final del itinerario.

Un vez que superamos  la cuesta inicial el camino se suaviza y discurre por un barranco angosto y profundo que se va abriendo a medida que avanzamos.

Hay que advertir que aunque el camino es suficientemente ancho, la ausencia de barandillas de protección así como el deterioro de algunos pasos concretos del recorrido recomiendan llevar siempre cierta precaución.

Durante el invierno hay que extremar dicha precaución, especialmente cuando los arroyos que cruzan el sendero se hallen cubiertos de nieve o hielo.

Desde el punto de vista morfológico, ya desde el principio puede comprobarse cómo  el sustrato de micaesquistos y cuarcitas ha condicionado una red de drenaje de baja densidad  y cárcavas largas y rectilíneas. Los barrancos presentan fuertes pendientes y abundantes escarpes con afloramientos rocosos.

Otro factor muy a tener en cuenta en la interpretación del paisaje es la disposición en sentido Este-Oeste que preferentemente adopta la cuenca del río Genil en este tramo. Según sea la orientación de la ladera hacia el norte (ladera de umbría) o hacia el sur (ladera de solana), la comunidad vegetal que en ella se desarrolle presentará una variedad y características muy diferentes.

La margen del río por la que vamos a lo largo de toda la excursión es siempre la izquierda, la de umbría, en la que prospera un tipo de bosque típico de las montañas silíceas de la región Mediterránea occidental: el melojar. También denominado “rebollar” en algunas regiones del centro y norte peninsular, se trata deformaciones de roble melojo (Quercus pirenaica) localizadas sobre sustratos silíceos, descarbonatados, de pH ácido.

A partir del primer kilómetro de nuestro recorrido por la Vereda de la Estrella y hasta llegar al Barranco de las Tormentas, rebasado ya el segundo kilómetro de la marcha, por la ladera de umbría van apareciendo quejigos, arces, cornicabras (Pistacia terebinthus) y castaños . Por encima de estos, a mayor cota, se sitúan los dominios del melojar acompañados de pequeñas formaciones o bosquetes de serbales y mostajos (Sorbus aria).

Hiedras, jazmines de monte y silenes son fáciles de observar en los márgenes del sendero. También es fácilmente observable la cañabeja (Ferula communis).

Desde el Barranco de las Tormentas y hasta el Arroyo de las Cabañas (aproximadamente a 3,5 kilómetros del comienzo del itinerario) se pueden contemplar numerosos ejemplares de espinos albares o majoletos (Crataegus monogyna), sauces , fresnos, castaños, robles melojos, quejigos, sorbos, arces, madreselvas, cornicabras, etc.

Bajo los castaños, en las ubicaciones más húmedas y sombrías de la falda de la montaña, proliferan los helechos machos (Dryopteris filix-mas).

 

A unos 2,5 km desde el inicio (45 minutos de marcha aproximadamente), antes de llegar al Arroyo de Cabañas, tenemos que agacharnos para pasar bajo las raíces y el tronco de un soberbio ejemplar de castaño. Conocido por los montañeros como “El abuelo”, la pertinente fotografía sujetando a este árbol centenario constituye una de las típicas postales de la visita a la Vereda de la Estrella.

Dejado atrás “El abuelo”, un poco más arriba la senda atraviesa un denso melojar.

La vertiente opuesta del barranco, de solana, se presenta prácticamente sin vegetación así como con abundantes restos de asentamientos y bancales de cultivos abandonados, vestigios de una época no muy lejana en los que este barranco estaba bastante habitado.

En dicha ladera pueden observarse además pequeños rodales de encinar perteneciente a los pisos climáticos supra y mesomediterráneo. Ocupan áreas muy iluminadas, orientadas al sur, con una inclinación considerable y sobre suelos poco profundos y de escasa cohesión.

Pero el paisaje vegetal dominante en la margen de solana viene dado por el matorral procedente de la degradación del bosque de encinas. Las talas abusivas  y continuadas, el abandono de los cultivos, el sobrepastoreo así como las nefastas políticas de repoblación basadas en la plantación de pinos y otras especies de crecimiento rápido pero poco resistentes al fuego, han acentuado los procesos erosivos  de la ladera.

La pérdida de los horizontes orgánicos del suelo ha dado lugar al desarrollo del matorral típico de la región mediterránea, a base de jarales y tomillares.

En lo que respecta a la fauna, destaca la presencia de aves ligadas a hábitats forestales como los arrendajos y pito real, este último muy frecuente en los melojares que tapizan la ladera de umbría del valle del Genil.

En las inmediaciones del cauce del río, encontrando su medio de vida junto a las caudalosas y limpias aguas, destaca la presencia de las lavandera blanca y, de manera más íntimamente ligada al propio río, la lavandera cascadeña y el mirlo acuático.

El águila real sobrevuela los cortados y cabecera de los valles (nidifica en Sierra Nevada a una altitud máxima de 2200 metros) al acecho de presas potenciales como chovas piquirrojas o incluso ejemplares jóvenes o enfermos de cabra montés a los que da caza mediante la técnica del despeño.

Gran variedad de pequeñas aves como pinzones vulgares, escribanos montesinos, mitos, herrerillos, etc. llenan de notas de color y música el fondo del valle.

Mención aparte merece la presencia estival de la oropéndola, más fácil de oír que de ver al ser una especia bastante tímida que suele permanecer oculto entre la ramas altas de los árboles. Sobre todo durante el amanecer y al atardecer es cuando esta vistosa ave deja escuchar su melodioso canto desde el bosque de galería que acompaña el curso del río.

Dentro del los mamíferos, la presencia del jabalí es fácilmente detectable por las hozaduras que deja en los barrizales creados por los regatos de agua que cruzan el camino. Tampoco es raro observar a ejemplares de cabra montés soleándose en la ladera opuesta a la de la vereda.

Prosiguiendo con nuestro itinerario, tras algo más de una hora de marcha (en torno a los 4,5 kilómetros del recorrido) se llega al Puntarrón del Vadillo, excelente mirador natural sobre la confluencia de los ríos Vadillo yl Genil.

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