RUTAS DESDE NIGÜELAS

El Trilito de Nigüelas

David Rios

Saliendo de la calle Nueva del Ayuntamiento, atravesamos la pequeña placeta del mercado para continuar por la calle del Agua hacia la Plaza de la Iglesia. Continuando por la calle Canalón, pasamos por la panadería y el molino de aceite medieval para en apenas 100 metros llegar a una bifurcación, donde elegiremos la calle que sube hacia la izquierda (la de la derecha, denominada “de la Cuesta” desciende directamente hacia el río Torrente). Siguiendo entonces por la calle Pasión, al poco tiempo ésta gira bruscamente hacia la izquierda, pasando a denominarse a partir de ahí “Calle de las Eras”. En ese punto de giro hay un pequeño mirador, en la propia calle, ofreciendo unas interesantes vistas de la sierra hacia levante. Destaca la figura imponente de Cerro Alto, a modo de cráter volcánico imaginario emergiendo sobre los cultivos de almendros y olivar de los Llanos de Plúnez.

 

El trazado suave, prácticamente sin pendiente, de la calle de Las Eras nos permite recuperarnos del continuo ascenso mantenido desde que salimos de casa, a la vez que apreciar una buena perspectiva de las cumbres dolomíticas del Monte del Zahor hacia cuyas estribaciones  nos dirigimos. Al final de la calle, caminando unos pasos hacia la izquierda, llegamos a una pintoresca fuente con dos caños (Pilar 1) que marca el inicio de la avenida de La Razuela. No hay que confundirse con la otra calle, denominada “del Partidor”, que arranca también en las inmediaciones de la fuente y que se adentra en la sierra siguiendo el trazado de la acequia que pasa por detrás del pilar, paralelo al sendero localmente conocido  como “Camino de la Pavilla”.

Continuamos por tanto por la avenida de Razuela, llaneando entre las últimas casas del pueblo para, a unos doscientos metros de la citada fuente, encarar las primeras (y más duras) rampas de acceso a la Razuela. Continuamos por una carretera asfaltada pero que a parir de aquí se adentra en una ámbito natural y agreste, típico de la baja montaña occidental de Sierra Nevada.

Pasada la última curva, el trazado se suaviza aunque sigue ganando paulatinamente altura hasta llegar a una pequeña área recreativa, con mesas y bancos de madera habilitados para pasar un agradable día de campo, entre pinos y olivos, disfrutando de una excelente panorámica sobre el Valle de Lecrín. Antes de llegar aquí, durante aproximadamente la mitad del recorrido desde que salimos de la referida curva, nos llama poderosamente la atención la superficie plana y pulida de la roca que flanquea el camino por la izquierda. Se trata de lo que los geólogos denominan “espejo” de la Falla Padul-Dúrcal-Nigüelas, catalogada de Monumento Natural por la Junta de Andalucís, y que muestra precisamente aquí uno de los afloramientos más espectaculares a lo largo de sus aproximadamente doce kilómetros de longitud. Un panel interpretativo dispuesto cerca de la falla nos da un enfoque didáctico a la vez que riguroso de la misma.

Dejando atrás, la izquierda, la zona recreativa, se agradece el murmullo del agua procedente de la segunda de las fuentes que encontramos en nuestro itinerario (Pilar 2). Situado junto a una edificación blanca, debe ser éste uno de los últimos pilares tradicionales que no hace muchos años se hallaban en todas y cada una de las plazas que se preciara de serlo, en aquellos rincones singulares de la geografía del Valle creados en torno al bullicio del agua, a modo de puntos infalibles de encuentro del vecindario.

A partir de aquí la subida vuelve a endurecerse, dejando a la izquierda la valla metálica del campo de fútbol para en algo más de un centenar de metros, alcanzar la coronación del desmonte excavado para dicho campo, siguiendo la pista asfaltada por la que venimos desde Nigüelas.Justo al llegar a una curiosa construcción, recordando un anfiteatro con graderío de bloques prefabricados de hormigón, la carretera deja de estar asfaltada. Desde ahí, bordeamos directamente las gradas por la parte derecha para en un corto y empinado trayecto -algo penoso por no tratarse de un sendero bien definido si no más bien un recorrido campo a través- alcanzar la parte superior del anfiteatro labrado en la falda de la montaña. Superamos el murete de poco más de un metro de alto que limita el cunetón de hormigón que discurre por encima de la última fila de gradas, lo cruzamos transversalmente y enseguida divisamos el majano de piedras (Hito) que marca el comienzo del último tramo del recorrido. Perfectamente señalizado con puntos pintados de color verde (rojo a la vuelta, para la bajada) el sendero aparece y desparece entre pinos y canchales de rocas, serpenteando por la ladera hasta llegar, en unos cuatrocientos metros de esforzada ascensión, al objetivo final de este agradable paseo por los alrededores del pueblo: el Trilito de Nigüelas.

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