El Reino de las Cuatro Paredes

Asomada al borde de su propia existencia, da una y mil vueltas por la corona del viejo muro.

David Rios

Hasta el mismísimo cielo parece postrarse a la seguridad que transmite su mirada, a la portentosa figura de músculos tensionados que más que sujeta, se mantiene anclada al lienzo de piedras en ruina.

Tuvo la valentía de guardar su puesto hasta el último segundo, justo antes de que todo saltara por los aires aquel fatídico e irremediable tres de diciembre.

Había pasado los últimos días, los últimos meses -casi tres años de agotadora batalla-, sintiendo como el otrora inabarcable reinado de su ilusión iba menguando paulatinamente, acercando los límites razonables de la esperanza a las paredes de aquella habitación, hasta llegar casi a tocarlas.

El enemigo llamaba ya con los nudillos de guadaña a la puerta, gritaba su tan fiel como reducido ejército cada vez más fuerte para que nunca pudiera llegar a escucharle...tristemente, acabó por entrar y derribarle en su último paseo. Cayó de pie, nada sorprendente para todos lo que le conocieron. A veces es mucho mejor salir al encuentro del propio destino a que la agónica espera en sufrimiento te lleve a pronunciar la palabra rendición.

Hace ya ocho meses de la dolorosa entrega a las manos justicieras del tiempo. El mismo que para algunos cura las heridas pero que, en realidad, solamente creo que te enseña a convivir con ellas.

Dentro de la casa, reducido como quedó aquel reinado a esas cuatro paredes, permanecen aún humeantes las brasas de lo que hoy sabemos que fue el último bombardeo.

Las lluvias de próximos otoños seguro que acabarán por apagarlas. Las nieves del invierno cubrirán los restos de escombro y ceniza. Brotarán entonces, desde las entrañas de la tierra, decididas y serpenteantes raíces capaces de enlazar rudos cimientos de piedra y hormigón con frágiles muros revestidos de recuerdos, atándolo todo y a todos fuertemente.

Recuperada ya para siempre la vieja casa, de nuevo tensa la musculatura del alma, treparé las cuatro paredes para asomarme desafiante, orgulloso de llevarte dentro de mí, y adivinarte sonriendo rumbo a la luna.

 

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