Historia de la vida cotidiana XXV:

Apodos del Valle:

Símbolos de una cultura

Eduardo M. Ortega

En nuestro ayer y en nuestro presente, podemos encontrar diferentes tipos de apodo, referidos a la familia, a las personas, a un grupo como, incluso a un lugar. De hecho dicho un apodo refleja también un modo de sentir popular es decir, en los apodos describen los defectos, pocas veces las virtudes, y cuando son menos ácidos el negocio de una persona. Hay apodos nuevos, en tanto nacen o aparecen nuevas personas. El apodo simboliza claramente la identificación en sus orígenes con un clan, una familia o un grupo. De tal manera que se identifica fácilmente a todo ese grupo de familias que abarca varias generaciones con el apodo. El apodo nos sitúa en la familia, y luego identificamos a la persona. No voy a entrar en los diversos apodos que ya han sido publicados por otras personas, sino en su simbología e imagen. El propio sicoanalista C. G. JUNG en su obra “el hombre y sus símbolos” expone lo siguiente: “Como hay innumerables cosas más allá del entendimiento humano, usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos, que no siempre podemos definir o comprender del todo”. Y eso lo podemos ver en los apodos cómo algunos de sus nombres que son singulares, pero que no responden a una realidad concreta, otros por el contrario responde a defectos de la personalidad, o a cosas del campo, o a nombres geográficos.

El apodo forma parte de la cultura popular de nuestros pueblos de España, y se extiende más allá cuando le ponemos un antecedente por el Bar hijo de, Bar o benin en el caso judío. O bien en los clanes ingleses o escoceses, con el Mac o MC. Pero quizás lo más cercano a nosotros sea el mundo islámico estudiado, el nombre árabe en su origen de acuerdo al artículo de María José Cervera Fras (“El nombre propio árabe medieval: sus elementos forma y significado”, publicado en Dialnet) nos expone que tiene diversas partes dicho nombre, una el nombre propio o ism, otro el nombre de oficio o ism mansab, otro el nasab o genealogía, y otro el nisba o nombre de relación. La expresión hijo de, o su relación con entorno, o el Ibn en árabe, nos remontan a nuestros orígenes ahora cristianizados.

Pero la siguiente pregunta para investigar, sería el origen en el tiempo de esos apodos que hoy están castellanizados, y ya desde los Reyes Católicos de España en sus orígenes aparecen estos apodos, como Juana La loca, o Carlos II el hechizado. Pero si nos remontamos a la época Romana también había apodos en el Valle y en España, y vemos lo siguiente, el nombre romano tenía el Nomen o nombre puesto, luego el Praenomen o nombre del clan hereditario, y después el Cognomen o apodo por la que la persona era conocido, por ejemplo Marco Tulio Cicerón, el último sería el apodo. Con todo ello queremos demostrar que siempre hubo y habrá en la medida que la cultura popular no sea engullida por la modernidad globalizada, y a veces plana, apodos en el Valle, o cualesquiera partes de España y del mundo.

Los apodos en nuestra cultura reflejan por tanto un enriquecedor contenido, y una manera popular de identificar a las personas y a su grupo, que pasan desde la utilidad, a la propia socarronería, a evocar la risa burlesca o defectos, o a la propia picaresca de la denostación hacia alguien por un defecto o desprecio en el mote. Por ello hay apodos más encomiables como Obispo, Conde…. Que otros que rayan en el mote del defecto, cojo, manco, ciego, o en la propia cara o rostro de dicha persona. Sin embargo vemos que la forma de originarse es paralela o similar en los diferentes pueblos y culturas de nuestro entorno, y sólo han cambiado los caracteres lingüísticos, siendo la semántica o significado y su uso el mismo, y que el propio folklore popular norteamericano también ha llevado a nuestro cine, al igual que quedan también reflejados en la literatura de todos los tiempos, como símbolo de identidad de pueblos y culturas.

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