Historia de la vida cotidiana:

Recuerdos de la infancia del Valle: Los juegos. LII

Eduardo M. Ortega

Arsenio, Juan, Paco, Antonio, todos corrían por la callejuela y jugaban al mocho, o a cualquier otro juego como el matute, o las charpas. Igualmente las niñas, así lo hacían al corrinche, o a la goma, a saltar la cuerda a la comba, o los niños a las agachadillas de troncho pico, terna, o a reloj, reloj, las una y las dos…. Y tantas decenas de juegos, que debido a al uso excesivo de las tecnologías s e van perdiendo… Ya nos e ven a los niños bailando el trompo, o haciendo otras peripecias. El sedentarismo tecnológico, no sé si con el paso del tiempo nos dejará huella y factura.

Otros juegos donde había que correr como el de la bandera, o bien de las adivinanzas, o el veo veo, son juegos que pueden seguir en parte en la conciencia colectiva de abuelos, padres, y niños. La idea del juego es importante porque cumple una doble función no sólo la de pensar sino la de hacer o del homo faber, que a su vez se convierte en el homo ludens… Tras la aparición de cierto tiempo de ocio, hay mayor tiempo de actividades recreativas, sin embargo, también ocurren errores infinitos, cuando los padres apuntan a tal número de actividades extraescolares que agotan su mente y cuerpo y no les dejan tiempo para el juego. Y sin embargo el juego es tan importante como la vida misma, como los propios animales en sus cortejos, tienen sus ritos y sus tiempos. Correr, saltar, andar, reír, forma parte de los juegos y de la convivencia. Sin embargo, vuelvo a reiterar, que el excesivo uso de aparatos como el teléfono móvil han convertido en adictivo el ocio de nuestros pequeños. Pensamos que la creatividad es más importante que una distracción, donde está todo hecho. Por ello actividades como los disfraces, el teatro, o los bailes populares, son tareas a rescatar por quienes tienen la competencia o las capacidades y medios para ello. Uno de los problemas puede ser la prisa, el otro, que la enseñanza ha multiplicado el número de materias y asignaturas, y un horario muy condensado, con muchas tareas y deberes, donde queda poco tiempo para el juego. Y queda tan poco en el colegio, como media hora escasa, porque en esa media hora hay que comerse el bocadillo o ir al servicio. Creo que algo falla, no estaría de más que el descanso fuese de una hora, o cuarenta y cinco minutos para hacerlo todo con tranquilidad, y para jugar con mayor espacio-tiempo. La enseñanza de hoy día, no debe de estar reñida con el juego, porque el juego es el origen de muchos inventos, y de la recreación de la vida. Así nos expone el autor Javier Rodríguez Pequeño, en su obra “en nombre de la risa”, lo siguiente:

“Aristóteles sí trata sobre la risa, y además lo hace de forma consciente y amplia, en diferentes facetas de la sabiduría: En la Poética, en la Retórica, en la Política (cap. VII, dedicado a lo ridículo), en Sobre las partes de los animales, y en la Ética a Nicómaco. En la raíz de su acercamiento está su sistematización de los topoi del desencadenamiento de los afectos (pathos) y del carácter (ethos). De todos los afectos, amabilidad, benevolencia o favor son los que más se aproximan a la risa y a la alegría. Es importante no olvidar que en esta cultura, tanto para Platón como para Aristóteles, se piensa que los afectos determinan la voluntad humana, de modo que la risa tiene que ver con la moral de ser humano, con sus cualidades sociales (G. Ueding, 1998)

Además de las reflexiones sobre la risa, en la Poética habla por primera vez de la risa, su origen y sus efectos. Y siempre es favorable cuando se produce en su justa medida, como resultado del ingenio, de la burla, de la agilidad, de la ironía, provoca sensaciones especiales como recreación, benevolencia, es decir, divierte y pone de buen humor al oyente, relaja la tensión y genera simpatía, tanto en la vida social (Ética), en la vida política (Política y Retórica) y en la vida artística (Poética).”

 

Por tanto el juego nos lleva a la risa, y la risa al juego, y no precisamente ese marco hierático del mono-juego frente a una pantalla, donde a veces no se comparte casi nada. Debemos de recobrar las antiguas costumbres, y extraer o efectuar un inventario que recuerde la memoria de la infancia de nuestro Valle y los juegos. Así aprenderemos más a sonreír, a ser más jocosos, y a mirar el mundo con otro estilo. Hay magníficos profesores que enseñan jugando, benditos ellos, que con su actitud de niños, originan ese gran milagro de cambio. Todos necesitamos reírnos más, yo el primero, quizás si se crease un Ministerio para la diversión, el teatro, la risa, y el juego, nuestro Valle, y en general el mundo sonreiría más, y sería más feliz.

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