Historias vividas IX:

La siembra de las papas

Un recuerdo a todos los trabajadores del campo del valle, por su esfuerzo incansable y su fe en el duro trabajo, en su memoria

Eduardo M. Ortega

Allí estaba yo con diez años presenciando en el año 1973, la siembra de las papas en la Vega de Nigüelas. Eran tiempos duros  y a la vez tiempos  con gran cantidad de energía de trabajo, era entonces cuando la Vega de Nigüelas y Durcal, estaban muy cuidadas pues entonces se podía vivir de ello. Era la fiesta de la Candelaria el día 2 de febrero, cuando Juan Pérez, un vecino del pueblo, estaría pues  con la siembra de sus bancales de las papas, en alguno de los bancales de la Vega, del camino de Pedro Martin, o del camino Murchas o de la Mojonera,  etc… Y se hacían con carriles y luego se sembraban una vez se repartían  y partían las calas de la papa que era la semillas, cada una con dos o tres yemas. Si bien recuerdo una forma especial quizás  hoy ya perdida, porque ese trabajo era muy duro, y era  las siembra en caballones, recuerdo a personas como mi padre  Eduardo, o al rubio Juan Manuel que iban a jornal con su mulo y que a su vez cogían la azada para la recarga de caballones. Diremos sin temor a equivocarnos, que cualquiera no sería capaz de aguantar no ya una jornada de trabajo, sino tan siquiera unas horas en dicha recarga. Las papas se sembraban en el mes de febrero y procurando que la tierra no estuviese encharcada, pues ello entonces impediría la tarea de hacer bien los caballones y su recarga. La escena era pues la siguiente, una vez arada la finca, se abonaba la misma con nitrato y potasa, y previamente se le había echado estiércol, con el mulo se tableaba para emparejar el terreno, o con tractor con rotavator, se pasaba al uso de las niveletas para  fijar los puntos de riego  del agua, sus niveles, con una señal o niveleta con un punto de mira, y otro soporte que servía de blanco  o señal  en la cual nos indicaba como estaba el desnivel del terreno. Seguidamente se marcaban los surcos y caballones por los más expertos, y después, una vez se hacía el carril, se pasaba  a la recarga de  los caballones con  un azada especial. Previamente a la recarga ya se habían sembrado las papas, porque ya en el medio carril o surco se había depositado la semilla, uno de los recargadores abría el surco y otro lo cerraba, teniendo el cuidado de seguir las recomendaciones para formar los tableros que se hacían de caballones y las instrucciones para el riego, que eran conocidas por los más mayores del lugar, dada su amplia experiencia. La clave de todo ello era que al tener las papas más agua a los lados y más tierra  que en los carriles, su cosecha era o podría ser superior, como así quedó demostrado. Las mujeres a mediodía llevaban la comida sobre las diez de la mañana y después ya el almuerzo a comienzo de la tarde. Recuerdo como estos titanes del trabajo muchos de ellos ya desaparecidos, les caía el sudor por la frente, y para ello se ataban a la frente un pañuelo, para no tener que parar a secárselo. ¿Entonces no existían los gimnasios? Ni hacían falta, para qué. Raras veces paraban a nada, salvo a la fumada, y había a los lados una garrafa de vino del país, de media arroba  normalmente, para que la cuadrilla de recargadores de papas, normalmente eran cuatro personas dos y dos, a cada lado, uno abría y otro cerraba los caballones, pudiesen refrescar su sangre de tanto esfuerzo, con las calorías del vino. Desgraciadamente y debido a la mecanización de todo, y a la falta de personas expertas en este trabajo como por ejemplo José López y su hermano Samuel, el primero vivía en la calle Larga ya fallecido y experto en estos temas, y en la caza de perdiz con el pollo de reclamo, y que sembraba todos los años sus bancales de papas en el tranci, o trance de Nigüelas eran personas expertas en nivelar el suelo recuerdo para el riego, o también al propio Paquillo Juan María que las sembraba enfrente del tranci en unos bancales arrendados a la fundación Zayas, hoy tristemente baldíos. Hoy, todo este saber popular, como es duro agachar la raspa, para las generaciones jóvenes del danone, el botellón y la marihuana en algunos casos, ha desaparecido. Estos trabajos forman parte de la historia ancestral de nuestros pueblos y su saber milenario, o centenario, se ha perdido al no haber proseguido esta transmisión de dicha historia oral, o que su coste ha devenido imposible. Entre medias se habla  y soñábamos de ir a Granada o a otro sitio y en la recarga o se cantaba a veces o se contaban chascarrillos, para poder superar las condiciones duras de los trabajos… Yo ayudaba a llevar los medios o cuartos sacos de semillas, previamente cortadas, y el agua a los trabajadores, como una forma de entretenimiento… Entonces llovía más, la tierra tenía más jugo y rocío, y las vegas de Nigüelas  y Dúrcal y del valle en general, eran un vergel en sus cosechas primeras de papas, y después de arrancadas las papas en Julio y primeros de agosto, se sembraban las hazas de maíz y de Habichuelas. Dicho viaje a ninguna parte hace referencia a que estas tradiciones se han perdido, y quizás todos hemos huido en parte de la tierra que nos da de comer, de un lado porque es muy alto el coste de hacer los trabajos manuales, de otro porque el precio-coste de las papas cosechadas a mano sería muy alto, y por ello estas costumbres han ido poco a poco desapareciendo en el tiempo. Sin embargo, estos trabajadores incansables, fuertes, erguidos, constantes y doloridos con grietas y callos en las manos, eran muy respetados porque no cualquiera era capaz de aguantar este tipo de tareas… Algunos iban más allá como el rubio Juan Manuel que con su fuerza incalculable, como un Hércules nigoleño, en su ímpetu y fe por el trabajo partía de vez en cuando alguna de las hazadas para recargar, lo cual se celebraba como un chiste  o anécdota positivo por la energía, brío y coraje con la que ese hombre trabajaba y se aferraba con fe a la tierra (Este personaje el rubio Juan Manuel, fue retratado por el cineasta Juan Antonio Bardem con su yunta de mulos arando en los llanos de Nigüelas para filmar una escena de una película para la serie de televisión española, Lorca muerte de un poeta, sobre la vida de García Lorca a finales de los años Setenta, de la que yo fui testigo). Ciertamente, que las generaciones jóvenes ya de los años ochenta  o del año dos mil, a nuestros días apenas han conocido este tipo de trabajos, y apenas ya se le da la importancia que tuvo en su día. Aun así observamos que cuando a la tierra se le trabaja y se le quiere lo suficiente, la tierra da el fruto deseado, pero para ello tal vez tengamos que hacer un cambio de mentalidad o chip, y pensar como nuestros abuelos o padres. A lo lejos se escuchaba el panadero que pitaba por las calles, o el agua que  por las acequias rugía en el mes de Febrero, los niños iban al colegio cantando, y las campanas de la iglesia del pueblo, aún era invierno y época de la matanza del cerdo, pues hacía frío, de hecho a veces las calas de las papas si no se plantaban bien hondas se helaban, pero eso amigos míos ya es otra historia.

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