Historia de la vida cotidiana XXIII:

Los quintos del valle

Eduardo M. Ortega

El 31 de marzo de 2001, y ya ha llovido, gobernando el partido Popular con D. José María Aznar el Gobierno decide dar un paso al frente y profesionalizar las fuerzas armadas, y pasar de unos cuerpos de reemplazo de soldados temporales, a prácticamente fijos, reduciendo también el número de efectivos, y de ahí la terminación de lo que se ha dado en llamar el servicio militar obligatorio, que se nutría de las quintas de cada año o reemplazo. En todos los pueblos del Valle, al igual que en todos los pueblos de España con anterioridad al año 2000, pululan canciones de pena y alegría de que ya se van los quintos, o los compañeros que eran quintos y en aquéllos pequeños pueblos eran llamados a filas al cumplir los dieciocho años por su ayuntamiento, y eran medidos por el adguacil del pueblo, y se iniciaba lo que se ha denominado el proceso de reclutamiento, que terminaba con el sorteo al campamento militar que se te iba a dar y con la entrega de la cartilla militar. Dejando a un lado estas burocracias, y mirando un poco hacia el pasado reciente, podemos comprender que la aparición de los grupos de quintos sobre todo en pequeñas y medianas poblaciones como son las de nuestro querido Valle, eran ocasiones de camaradería y de jolgorio y fiesta, pues era un rito de pasar de la vida adolescente, a la entrada a la vida adulta. El irse a la mili para un padre, era que su hijo ya era o iba a ser un hombre y pasaba a ser adulto, expresiones están en la mente de todos, “ya tengo ganas hijo de que hagas o te vayas a la mili y te espabiles”.

 

Cerca de nosotros y de todos los lectores y lectoras, están lo que hemos denominado quintadas o bromas de los quintos, muchas de ellas que han progresado hasta terminar en sucesos desagradables, o en juergas y borracheras sin límite. La noche en la que los quintos han sido tasados, medidos y pesados, andan sueltos por el pueblo, algunos lo hemos vivido, solos o en cuadrilla, y comienzan a revivir en sus carnes esas tareas de vigilancia, que un día acometerán en el cuartel, y alguna que otra broma pesada sin cuento que forma parte del azúcar y la sal de la vida. Es una pena que todas estas tradiciones se pierdan en el hilo de los tiempos, pero todos ustedes cuando lean esta pequeña nota, van a recordar en su mente por unos momentos qué pasó ese día, y qué travesuras hicieron, y si luego se lo contaron a sus amigas o novias, a sus vecinos y vecinas. Se trata por tanto para algunos de un rito iniciático en el cual todos participan, incluso aquéllos que por una u otra causa pudieran quedar excluidos de prestar el servicio militar. ¿Qué rito similar podemos encontrar hoy al desaparecido de los quintos? Quizás en la vida cristiana el de la confirmación, o el paso del bachillerato a la universidad etc… Pero este símbolo de luchar o trabajar por la patria, se ha ido diluyendo, aunque algunos apuestan todavía, que no estaría demás que nuestros jóvenes en un verano se acercasen al mundo militar para poder compararlo con el civil, y como un servicio también de ayuda a la comunidad, sea en el mundo militar, sea en la prestación social sustitutoria, puede ser útil y enriquecedor. Creo que es encomiable y simbólico para todos pensar en esos días, y esas tardes de primavera cercanas a la canícula del verano en la cual los pueblos dormitaban en la siesta de las horas, y los jóvenes quintos ilusionados comenzaban a pasar de niños a sentirse hombres. En otros casos se ha seguido la tradición en algunos pueblos de España se habla de quintos o de quintas, y de la celebración de su aniversario, mediante alguna comida o ágape al respecto. Sea como fuere ser un quinto, sufrir la quintada o quintá, o una broma pesada, son expresiones similares a la de dar la serenata o el tostón, pero que era aceptado en las convenciones y costumbres de nuestros pueblos. Rememora estimado amigo, tu historia de cuando fuiste llamado a filas, y te ibas a convertir en recluta, y nos damos cuenta qué aprisa ha pasado el tiempo, ese que ya nunca volverá, y del que sólo nos queda el recuerdo.

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