Historia de la vida cotidiana XXVI:

La cosecha en el valle

Eduardo M. Ortega

La óptica de la cosecha en el Valle, nos lleva a conceptos de muchos tipos de maneras de entender la agricultura y su recolección. Desde la propia recogida de la cosecha a lo que tiene sembrado el vecino, porque en eso el refrán parece querer cumplirse, que la fruta del vecino sabe mejor. La cosecha en el Valle en parte se ha reducido a producciones familiares en cuanto a cultivos de huerta, aunque quedan producciones diversas en una dimensión mayor como el almendro, el olivo, el naranjo, frutales como el manzano y la viña.

Sin embargo si miramos hacia nuestro pasado el paisano del Valle vivía de acuerdo al paso de las estaciones, es decir cada estación conllevaba unas tareas agrícolas y unas faenas. Bien es verdad que hoy en nuestros días esta dimensión del tiempo rural se ha infra dimensionado, y sobre todo porque cada día hay menos gente que viva al cien por cien de la agricultura o ganadería en el valle o en otra partes de nuestra provincia.

Cuando Hesiodo hablaba en su obra “los trabajos y los días” y llama venturosos, alegres, gozosos a los días de la cosecha, es porque después del esfuerzo del ser humano, el mismo con su trabajo obtiene su exquisita recompensa. Hoy este tipo de visiones se ha visto un poco ahumada, porque mucha gente con ir al supermercado, cree que todo es perfecto y lo mejor. Craso error, el supermercado a veces te aleja de los productos naturales de la cosecha y te introduce cada día más una mezcla de seudo productos procesados.

En el Valle la cosecha tiene su razón de ser, en las fiestas de final de verano y de otoño, que actualmente han sido sustituidas por fiestas cristiano-católicas, y en otras fiestas de agradecimiento de la misma como es el caso de San Isidro labrador o el propio San Marcos (En Nigüelas y, como protagonistas de la bendición de la cosecha y los campos). Todas estas manifestaciones para el creyente son bendiciones o hierofanías en las que la divinidad protege sus productos y animales, al igual que ocurre en festividades como las de san Antón,(esta última se celebra en Acequias en enero y el 15 de Mayo se celebra San Isidro en diversas localidades del Valle).

Una curiosidad importante que ya contábamos en su día es la de la obra del profesor medievalista de la universidad de Granada, D. Manuel Espinar Moreno, sobre los bienes habíces (sus rentas y frutos) de las mezquitas, sus raudas y alquerías, en el Valle de Lecrín, que eran los bienes afectos al mantenimiento de las mezquitas que luego pasaron a las iglesias, y a los condestables y caballeros que conquistaron Granada y la tierra de moriscos, y luego en parte fueron también desamortizados, hasta que han llegado a nuestros días.

 

Hoy en día cuidar en el valle los pequeños minifundios y hacerlos rentables, es algo difícil, y una tarea entretenimiento casi más que de vivir de ello, dada el coste de la producción. Por último el cambio de la climatología, ha hecho que el Valle tenga inviernos más templados y puedan introducirse en algunas zonas cultivos interesantes y más rentables. En las zonas más bajas y cálidas del valle, se empiezan a plantar los productos subtropicales, tipo kiwi o aguacate, aunque el tema está en experimentación.

La cosecha es una labor encomiable que debe de recordarse como un rito, al igual que en ciertos pueblos de las comarcas limítrofes como la Alpujarra, se hace la fiesta de la parva. Recordar desde nuestro presente nuestros orígenes, es preservar en la memoria del tiempo lo que es más querido, nuestros recuerdos, porque nuestros campos están plagados de vivas imágenes de nuestros padres y abuelos, en labores consecutivas y tangenciales a la vez, el laboreo, la siembra y la cosecha, un eterno retorno del campesino del Valle, que detrás de cada paso ha escrito con cada gota de su sudor, la historia viva de un pueblo, con claro esfuerzo, tesón y trabajo. Esta carta va dedicada a todos los hombres y mujeres del Valle que han vivido cada día con expectación e inquietud, la recogida de la esperanzada cosecha.

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