El mundo al revés

Flamenco en Japón:

La realidad que supera

a la fantasía

Nº 316 - Julio 2022

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Mucha gente en España se quedaría sorprendida si les dijera que Japón tiene más academias de flamenco que España, que las industrias culturales asociadas al flamenco mueven mucho más dinero en el país del Sol Naciente que en España, patria de este arte declarado por la UNESCO, patrimonio inmaterial de la humanidad. Sin embargo, existe un gran consenso en afirmar que Japón es la segunda patria del flamenco.

Hace más de 50 años la pasión de un grupo de iluminados impulsó este arte centenario en tierras niponas que, lejos de desaparecer, ha evolucionado hacia una excelente técnica de interpretación tanto en el cante, como en el baile y en la guitarra.

En la década de los 50 del siglo pasado, un grupo de estudiantes nipones entre los que destacaban Yasuko Nagamine, Yoko Komatsubara, Masami Okada y Shoji Kojima, fueron los pioneros en desplazarse a España para profundizar en el aprendizaje del flamenco, contribuyendo de forma definitiva a su enraizamiento en Japón hasta tal punto, que hoy se considera parte de su propia cultura.

El amor por el flamenco de este grupo de jóvenes bailaores fue de tal calibre, que aún hoy, sesenta años después, sus academias siguen en activo y ellos continúan dando conciertos. Lo paradójico es que son realmente buenos hasta el punto que, alguno de ellos como Shoji Kojima, han llegado a formar parte del Ballet Nacional de España.

No es de extrañar por tanto que, en la actualidad, el número de estudiantes de flamenco en Japón sea superior a cien mil y que el número de academias de flamenco en el país, se aproxime al millar.

Si analizamos, a lo largo de todos estos años, cuál ha sido el vínculo más enraizado entre nuestros dos países, me atrevería a decir que es el Flamenco. Recuerdo con cierta nostalgia que una de sus divas, la gran Yoko Komatsubara, la Faraona japonesa, durante mi etapa como director del Instituto Cervantes de Tokio y con motivo del 45 aniversario de la Fundación de su Ballet Flamenco, llevó a cabo un maravilloso espectáculo: “Tenmokuzan: Baile del fulgor múltiple”, que se inspiraba en las delicadas formas de una taza de té de la dinastía Chong de China. De esta bella cerámica solo se conservan tres piezas y a pesar de su origen chino, Japón la considera, al igual que al Flamenco, un tesoro nacional. Aquel concierto produjo una simbiosis mágica entre tres culturas muy diferentes y alejadas, además de un paso adelante en la evolución del Flamenco.

 

En Japón se valora de forma especial la tradición, lo antiguo, y el flamenco es un arte antiguo, un arte misterioso. Para la palabra "flamenco", existen tantas teorías como gustos, pero la más aceptada nos dice que la palabra es de origen árabe, proviene del voablo “Felah-Mengus” que significa "campesino errante". Un término que describe perfectamente la vida de Yoko Komatsubara, una bailarina errante que hizo del Flamenco una parte de su alma.

Vivir cinco años en Japón y recorrer un gran número de tablaos y academias de flamenco, me llevó a la conclusión de que los artistas japoneses han sido los únicos extranjeros capaces de producir en sus actuaciones lo más difícil, lo que los flamencos llaman el duende. Pero ¿qué es el duende?

La expresión “tener duende” se hizo muy popular gracias a Federico García Lorca, que la utilizó en su famoso discurso “El duende en el arte flamenco” en el que alababa las virtudes artísticas y casi mágicas de la famosa cantaora la Niña de los Peines. Ese algo especial que convierte al momento artístico en un momento mágico.

 

Goethe también intentó definir “el duende” como “un poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica. Es un poder y no un hacer, no implica pensar, simplemente estalla y fluye”.

En 2016, un año después de aquel concierto, la gran coreógrafa Yoko Komatsubara volvió a sorprenderme con su fantástico espectáculo “Camino del Flamenco, India, Árabe y Andalucía”, un espectáculo de luz y color, en el que la genial coreógrafa pasó revista a las influencias hindúes y árabes en el nacimiento y evolución del cante y baile flamenco.

En el concierto, quedaron claras las influencias hindúes en el cante flamenco: un brillante espectáculo mostraba como las siguiriyas evocan emociones de pena y terror (duka y dal), al igual que ocurre con los Raga en la música hindú que dan una gran emotividad a sus cantes, similar al de los cantaores de flamenco. El espectáculo nos mostró así mismo como el ay, ay, ay que precede a la copla tiene reminiscencias en una abreviación de la expresión hindú “alap” que contiene también toda la angustia y desesperación que se revelará a lo largo del cante.

En cuanto al baile, nos mostraron como el movimiento de manos y la expresión de la cara provenían igualmente del baile hindú que influencia a las bailaoras de flamenco.

Por otro lado, la actuación de un cantante marroquí, explicó que la tradición popular decía que a los maestros del cante jondo no se les entiende lo que cantan porque sus letras son las herederas de los almuédanos musulmanes para llamar a los fieles a la oración (Salah). De esta forma algunos expertos identifican los distintos Makam (sistema de modos melódicos usado en la música árabe tradicional) para llamar al rezo musulmán, con distintos palos del flamenco: martinete, siguiriya, soleares, tangos……

El espectáculo de Yoko Komatsubara nos mostró, desde su perspectiva, la historia y evolución del Flamenco, a través de un elenco genial de artistas árabes, españoles, hindúes y japoneses, que nos hizo fantasear y nos llevó desde el lejano oriente de Japón y la India, hasta los países árabes y del norte de Africa, para aterrizar en España y encontrar en Andalucía su mejor caldo de cultivo.

Es similar a lo que ocurrió con el Flamenco en Japón, el duende de artistas como Yoko Komatsubara, estalló y fluyó a través del Flamenco, dando como resultado que este arte haya pasado a formar parte del patrimonio cultural del País del Sol Naciente.

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