Esa maldición

Ramón Sánchez

 

Probablemente muchos de ustedes hayan oído hablar de esa especie de conjuro adverso que nos persigue a los periodistas y que es conocido como ‘La maldición del comentarista’. Es algo que no falla. Basta que el comentarista de radio o televisión, sin olvidar al ‘plumilla’, exprese una opinión para que, inmediatamente, se produzca lo contrario.

Compruébenlo, que les divertirá. Por ejemplo, si a uno se le ocurre elogiar a un portero por el buen partido que está haciendo, ¡zas!, se le escapa el balón de las manos o se le cuela mansamente por debajo del cuerpo; de igual manera, los delanteros no escapan a ese gafe, ya que si el ingenuo informador elogia al ariete de turno, éste manda el balón a las nubes a un metro de la meta y con el portero tumbado.

Eso por lo que se refiere al fútbol, porque los demás deportes no escapan a esta cruz. Sin ir más lejos, el tenis. Cuántas veces hemos escuchado que tal o cual jugador tiene un saque espectacular para que el mozo haga una doble falta de amateur. Y pasa exactamente lo mismo si nos referimos a la derecha, el revés o el juego de red.

Y digo todo esto, porque en el último número del Valle de Lecrín, me refería yo a las miserias del Real Madrid en las distintas competiciones en las que toma parte. Los más asiduos recordarán que lo titulaba ‘Un circo sin enanos’ y terminaba: “¿Alguien se ha parado a pensar si es que la actual plantilla no da más de sí?”. Entre medias ponía de relieve las carencias del conjunto blanco.

Pues bien, fue escribir esto, y a partir de entonces los hombres de Solari renacieron de sus cenizas para igualar en el Camp Nou e imponerse en el Wanda Metropolitano y el Johan Cruyff de Amsterdam. Y ustedes se preguntarán, ¿a qué se debe esta resurrección si tanto los jugadores como el entrenador son los mismos que antes fallaban cual escopetas de feria? Yo se lo explico: a la maldición del comentarista.

En las últimas semanas, diarios, radios y televisiones se dedicaron a ensalzar al actual campeón de Europa, hasta el punto de que lo consideraban reenganchado a la lucha por el título liguero. ¿Y qué pasó? Pues que llegó el Girona y dejó a todos con el trasero al aire. No lo duden: la maldición del comentarista.

Y es que hay que reconocerlo: ni el Real Madrid de antes era tan malo, ni este de los recientes desplazamientos está para tirar cohetes. Al menos de momento. Lo que pasa es que el español no tiene término medio. En un pis pas pasamos de la euforia al desconsuelo.

A Solari, todo un novato en estas alturas de la profesión, hay que reconocerle una cosa: es un valiente. Porque hace falta tener muchos reaños para dejar en el banquillo a jugadores de la talla de Isco (algunos dicen que es por algo personal), Bale, Casimiro o un Marcelo que pese a su empeño sigue dando muchas más de arena que de cal, para poner en liza a Vinicius, Reguilón, Llorente o Lucas Vázquez.

Parece claro que el actual técnico madridista mira más hacia el futuro que al pasado. Sólo falta, como decían en la saga galáctica, que la suerte le acompañe.

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