Elegancia cero

Ramón Sánchez

 

No descubro nada si digo que Florentino Pérez y, supongo, sus compañeros en la Junta Directiva del Real Madrid, son unas personas sobresalientes, tanto en el aspecto económico como en el social. De ahí que, hace unas semanas, me sorprendiera la nota de prensa que acompañó a la salida de Julen Lopetegui como entrenador del cuadro madridista.

Y es que el comunicado oficial de estos personajes, decía, entre otras cosas: “La Junta Directiva entiende que existe una gran desproporción entre la calidad de la plantilla del Real Madrid, que cuenta con ocho jugadores  nominados al próximo Balón de Oro, algo sin precedentes en la historia del club, y los resultados obtenidos hasta la fecha” Luego se justificaban agregando que el despido se adoptaba “para cambiar la dinámica en que se encuentra el equipo”. Y bla, bla, bla.

El cabreo venía a cuento de que Lopetegui, se había quejado, con toda la razón del mundo, de que no había tenido la materia prima necesaria para hacerlo mejor. Y es que basta echar un vistazo a las plantillas de las dos últimas temporadas para confirmar esto. Se marcharon jugadores de la talla de James, Morata, Kovacic etcétera, y a cambio Julen tuvo que conformarse con el repescado Mariano,  una promesa como Vinicius, Courtois y Dani Ceballos, estos dos últimos en posiciones que sobre el papel estaban bien cubiertas.

 

Es indudable que Florentino y sus directivos tenían todo el derecho a cambiar de entrenador si Julen (con una trayectoria impresionante en el equipo nacional, al que mantuvo imbatido) no les gustaba, pero hay muchas maneras de hacer las cosas. Y los dirigentes merengues han escogido el camino más burdo.

¿Qué se hizo del señorío, de la elegancia, que siempre ha caracterizado al club del Bernabéu? ¿Dónde han ido a parar las buenas maneras? Dicen que al presidente le importan tres pepinos los entrenadores y únicamente ha mantenido buenas relaciones con Mourinho y Zidane, pero está claro que nadie esperaba esto.

Se puede deducir que el señor Pérez no empatiza con los técnicos nacionales, y si no, ahí está el ejemplo de otro gran madridista como Rafa Benítez, pero es curioso que los jugadores hayan salido en defensa del destituido y que Carvajal llegara a decir que “Lopetegui es el mejor entrenador que he tenido”. Valiente el de Leganés.

En fin, que a Florentino lo único que le obsesiona es acometer las próximas obras que harán del Bernabéu uno de los estadios más modernos del fútbol mundial y que los resultados deportivos le traen más o menos al pairo. Sin embargo…

Uno, que por edad ha vivido grandes épocas del fútbol mundial, añora a personajes, todos ellos desaparecidos, de la talla de Santiago Bernabéu (con el que en tres o cuatro ocasiones pasé largas veladas degustando el café y las galletas que me había puesto la inolvidable doña María); Raimundo Saporta, cerebro gris  de la entidad; Antonio Calderón, un ‘águila’ de refinadas maneras al que gustaba trabajar en la sombra, o mi buen amigo Agustín Domínguez, otro ejemplo de honradez y de saber hacer. Es impensable suponer que obrarían de la misma forma que lo han hecho sus sucesores. Es más, se les habría caído la cara de vergüenza.

¡Ellos sí que sabían lo que era la elegancia!

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