Un equipo con hambre

Ramón Sánchez

 

Fue una agradable sorpresa. Ni el más optimista de los aficionados esperaba algo así. ¿Cómo pensar que la selección nacional de fútbol iba a endosar un set en blanco a la reciente subcampeona mundial? Sin embargo, el milagro se produjo. El equipo que venía de hacer el ridículo en Rusia se transformó en  otro totalmente distinto que aunaba la fuerza con la técnica hasta conseguir borrar a un poderoso rival y borrarle del campo.

¿Cómo fue posible esa transformación en tan poco tiempo? Habrá cientos de opiniones al respecto, pero desde mi punto de vista todo se debió a que, con unos pocos cambios, el nuevo seleccionador supo insuflar a los jugadores esa hambre de la que habían carecido en los últimos compromisos. Y eso se tradujo en un fútbol tan agresivo como bonito.

Porque, aunque uno haya expuesto públicamente la escasa idoneidad del asturiano para el puesto (sobre todo por la forma en que el prepotente Rubiales se deshizo del hasta entonces seleccionador), como ya dejé patente en estas mismas páginas, justo es reconocer que Luis Enrique acertó plenamente. Todavía es pronto para juzgar su labor, pero qué duda cabe de que, el triunfo en Londres y la exhibición de Elche le han catapultado al estrellato mediático, aunque este sea sólo momentáneo.

En un breve espacio de tiempo, Luis Enrique ha insuflado nuevos bríos a los componentes de la selección. Un impulso que queda patente en la presión a que fue sometido el conjunto croata. Y no es que con Lopetegui no se presionara a la posesión del rival, pero eso sucedió sobre todo al principio y se fue diluyendo con el paso del tiempo.

No vamos a denostar ahora a los más veteranos, los que han dejado la selección después de una trayectoria que llevó al fútbol español a conseguir grandes éxitos, rematados por el inolvidable triunfo en el Mundial de Sudáfrica, pero llego un momento en el que, sin quererlo, nuestro fútbol se hizo acomodaticio.

Luis Enrique ha sido valiente, muy valiente. Es como esos jugadores de póquer que envidan a base de corazón y ganan la mano soñada. De entrada, ha soslayado la baja de Piqué con un Nacho, siempre cumplidor, que a sus 28 años tampoco es ningún niño; dio a De Gea la confianza  que parece necesitar, y parece acertar al preferir a Rodrigo para conducir el ataque en lugar de Diego Costa.

 

Por si fuera poco, contra todo pronóstico, ha prescindido de un hombre, como Jordi Alba, que parecía indiscutible en la posición de lateral izquierdo. Y no dudó en colocar ante los ingleses a un Marcos Alonso, que llevaba ya un largo tiempo llamando a las puertas de la selección.

De todas formas, ha sido en el centro del campo en donde el cambio ha sido más patente. Retirados de la selección dos pilares fundamentales hasta ahora como Iniesta y Silva, de 34 y 32 años, respectivamente, puso frente a Croacia a dos jóvenes repletos de ilusión como Saúl (23 años) y Ceballos (22) con la particularidad de que el madridista ni tan siquiera es titular en su club. Y ambos respondieron perfectamente.

En fin, que parecen soplar nuevos vientos para nuestro equipo nacional. De momento, parece haberse recuperado el hambre y eso es fundamental.

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