Comediantes, bomberos y VAR

Ramón Sánchez

 

Cada día que pasa me convenzo más y más de que esto no tiene remedio. Y no me refiero a las mentiras de los políticos, que también, sino al cuento que le echan esos muchachos que se embolsan millones por pegar patadas a un balón y que, en la mayoría de los casos, demuestran que podrían figurar sin desmerecer en cualquier compañía teatral.

Días atrás, en una radio, oí decir a un famoso ex futbolista: “De diez veces que un jugador se cae, en nueve está haciendo teatro”. Y es cierto. Basta sentir el aliento en la nuca de un rival o el más ligero roce, para que el afectado se derrumbe como si hubiera recibido un tiro en la frente. Siempre y cuando su equipo vaya ganando, claro.

Los árbitros lo saben, pero no toman medidas. ¿No se dan cuenta de que si ellos no señalan la supuesta infracción, el caído se pone en pie rápidamente y echa a correr como un gamo? Ya apunté en otro artículo lo que ocurre en el baloncesto NBA y, en tono menor, en el europeo: cuando un jugador se desploma sin razón, le castigan por ‘flopping’, es decir, por simulación.

Si aquí los árbitros sacaran tarjeta por intentar engañarles, o, en caso flagrante, no permitieran volver al afectado al terreno de juego por un tiempo, digamos, de 10 minutos, otro gallo nos cantaría a los espectadores.

Y es que, en nuestro fútbol, hay verdaderos especialistas de la comedia. En un hipotético podio, uno daría la medalla de oro al barcelonista Suárez, que pasa más tiempo en el suelo que en pie; la de plata sería para el guardameta del Leganés, ‘Pichu’ Cuéllar, y el bronce para el defensa del Getafe, Damián. Un elenco que podría completarse con decenas y decenas de comediantes.

Y sigamos con los árbitros. Días atrás, Diego Simeone, a propósito de la sanción (ocho partidos) a Diego Costa, se quejaba de la diferencia de trato que tenían los colegiados con el F. C. Barcelona, en comparación con otros equipos, a la hora de sacar tarjetas. Y, claro, todo depende del cristal con que se mire, aunque…

Ateniéndonos a los números, vemos que, en las cinco últimas temporadas, el Real Madrid ha sufrido 19 expulsiones, por 17 del Atlético de Madrid… y sólo ocho de los azulgrana. En tarjetas amarillas, la palma se la llevan los rojiblancos con 447, seguidos de los blancos con 347 y 334 de los catalanes. ¿Tendrá razón el técnico argentino? Otra materia para discutir.

Y como los árbitros siguen dando que hablar, voy a referirme al tan debatido VAR. Cuando se instauró el sistema de arbitraje, muchos estábamos de acuerdo en que, de esta forma, se evitarían muchas injusticias o errores. Y, en efecto, así es, aunque…

En las últimas semanas, hemos asistido a unas decisiones arbitrales, VAR incluido, cuando menos controvertidas. Los detractores dicen que antes se equivocaban el árbitro y sus ayudantes, pero que ahora los fallos del trío se ven aumentados por los dos que les ‘auxilian’ a través de la moviola.

El caso es que, con demasiada frecuencia, el VAR sólo viene a empeorar las cosas. Y desde mi punto de vista la culpa es de los rectores de nuestro fútbol que, en su deseo de colaborar en el enriquecimiento de los colegiados, coloquen a muchos a cargo de las maquinitas.

Porque lo que le gente tiene que saber es que los árbitros de fútbol son unos auténticos privilegiados. Imagínense que uno de Primera División cobra 3.700 euros por partido, más 10 mensualidades de 11.000 euros, 12.000 por derechos de imagen y 6.000 por partido en Europa. En resumen, que un árbitro principal de Primera División se lleva al cabo del año 296.000 euros por 130.000 de sus ayudantes. En Segunda, las cifras son 163.000 y 80.000 respectivamente.

 

Por si esto fuera poco, el VAR se ha convertido en una ‘ayudita’. El principal de Primera División se embolsa 1.600 euros y el asistente 800. Teniendo en cuenta que se turnan, ¿cómo se puede pretender que, a no ser que la cosa esté muy clara, lleven la contraria a sus compañeros que están sobre el terreno de juego? Es humano que piensen que a la siguiente semana posiblemente intercambien papeles.

Lo lógico es que al cargo del VAR estuvieran unas personas que hubieran demostrado sus conocimientos y no los actuales que, se quiera o no, siempre tendrán prejuicios.

Y es queya dicen que un bombero nunca pisa la manguera de un compañero. Hay mucho dinero en juego.

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