De cine

Ramón Sánchez

 

Se las prometían muy felices Luis Enrique y sus muchachos, por no hablar de la afición en general, ante la visita de Inglaterra en esta Liga de Naciones de nuevo cuño. Que si una victoria suponía clasificarse para la fase final de cuatro, que si un empate sería prácticamente suficiente para conseguir el objetivo, que si el Benito Villamarín sevillano era un estadio talismán, que si…

A la hora de la verdad, este futbolístico cuento de la lechera se vino abajo. Bastó un solo jugador para poner al descubierto las carencias de la selección española. La táctica de los británicos fue tan simple como previsible: balones largos a Harry Kane, para que éste, después de hacer un lío a Ramos y Nacho, que parecían dos pipiolos, esperar la incorporación de dos auténticas flechas como Rashford y Sterling y provocar el pánico en la retaguardia hispana. Tan sencillo como eso.

Las victorias en Wembley (1-2) y ante Croacia (6-0) habían levantado los ánimos tras el fracaso de Rusia, pero lo cierto es que los de Luis Enrique nos recordaron a los de Hierro, sí, aquellos que hicieron el ridículo en el pasado Mundial.

Y es que, ¿de qué sirve un 70% de posesión de balón, mareando la perdiz en el centro del campo, como si el área rival estuviera electrificada? ¿Alguien se ha parado a pensar que el objetivo de este deporte no es otro que meter la pelotita en la portería contraria y no sobar la pelota una y otra vez?

Lo cierto es que resulta difícil salvar a alguno de los jugadores españoles que protagonizaron este desastre. Si acaso, a Alcácer y Ceballos que pusieron un poco de pimienta cuando salieron tras el descanso. Y no sólo fue culpa de los jugadores, sino que el suspenso incluye al propio técnico. ¿A quién se le ocurre sacar a Jonny en su segundo encuentro como internacional, teniendo en el banquillo a, por ejemplo, Azpilicueta? Parece como si le debiera algún favor de cuando lo tuvo a sus órdenes en el Celta de Vigo.

Ahora, a mediados de noviembre, vendrá la prueba de fuego. España se la juega ante Croacia en casa del subcampeón mundial. Visto lo visto en Sevilla, da miedo pensar lo que puedan hacernos Modric y compañía en un día inspirado.

Lo único cierto es que, especialmente en la primera mitad, Inglaterra dio en Sevilla una clase magistral de lo que debe ser este deporte. Los isleños desarrollaron 45 minutos de cine. Daba gusto ver cómo presionaban, cómo se cerraban y, lo que es más importante, cómo salían al contraataque a toda velocidad ante el trote cochinero de sus rivales.

Y, bueno, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y ya que he mencionado lo del cine, voy a recomendar a mis lectores un par de películas que, en los últimos tiempos, tras soportar diversos bodrios, me han reconciliado con el séptimo arte. Son ‘The rider’ (‘El jinete’) y ‘Cold war’ (‘Guerra fría’), que, aunque no han traducido los títulos, están perfectamente dobladas al español.

La primera tiene como escenario el mundo del rodeo norteamericano, con la particularidad de que los actores no son profesionales, sino los mismos que vivieron las secuencias que relatan. Curiosamente, la directora es china y llevó a cabo su trabajo con un equipo mínimo de rodaje. Espléndida.

En cuanto a ‘Cold war’ se desarrolla durante los años 50 en los países comunistas y relata, a través de una pareja, la intromisión de los dictados políticos en el mundo del arte, concretamente en el de la música popular. Había leído que era una de las mejores películas que se habían estrenado en España durante los últimos tiempos y no me defraudó. Todo lo contrario.

Así, mientras esperamos la respuesta de la selección en Zagreb, les recomiendo vayan a ver alguno, o los dos, de estos filmes. No se arrepentirán.

 

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