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Antonio Gil De Carrasco

EL AGUA ES VIDA. SALVEMOS NUESTROS ACUÍFEROS ANTES DE QUE SEA TARDE

El corazón de Dúrcal late al ritmo de sus aguas subterráneas. Durante siglos, ríos invisibles han nutrido la tierra, han saciado a generaciones y han dado vida a los campos y a los manantiales que han sido el orgullo de nuestro pueblo. Pero hoy, ese corazón se está desangrando. El agua, nuestra sangre vital, se extrae sin control, víctima de una mercantilización voraz, absurda y peligrosa.

Hace años que la Plataforma de Defensa de las Aguas de Dúrcal lucha contra esta amenaza silenciosa. Han alzado la voz en las calles, en los periódicos y hasta más allá de nuestras fronteras. Sin embargo, los poderosos han hecho oídos sordos. Ni las delegaciones responsables, ni la Junta de Andalucía han querido detener el despropósito. Y ahora, el desastre está ante nuestros ojos.

Los llamaron alarmistas. Dijeron que se oponían al desarrollo y al empleo. Pero, ¿dónde están esos trabajos prometidos? Apenas han llegado a nuestro pueblo. En cambio, las consecuencias de la explotación descontrolada sí que han llegado, y con una brutalidad aterradora.

Las fuentes que han acompañado a Dúrcal desde tiempos inmemoriales están desapareciendo. El Pilar del Mono, donde generaciones han llenado sus garrafas con agua pura, es ahora un testigo mudo de la sequía. Lo impensable ha sucedido: la mina que abastecía de agua potable a todo el pueblo se ha secado. Nunca antes había ocurrido algo así.

Las imágenes son estremecedoras. Nuestro alcalde, Julio Prieto, lo denunció en un impactante video que recorre las redes sociales como un grito de auxilio. Desde julio de 2024 ha tocado las puertas de la Delegación de Agricultura, de Medio Ambiente, de Industria y Minas. ¿La respuesta? Un silencio burocrático tan seco como nuestras fuentes.

En agosto, el alcalde advirtió de otro peligro: la posible extinción de un molusco protegido, un pequeño pero valioso habitante de nuestros acuíferos. Sólo entonces, Medio Ambiente se dignó a visitarnos. Pero fue un simple trámite, un simulacro de preocupación que no se ha traducido en ninguna acción concreta. Nadie quiere asumir la responsabilidad. Nadie quiere detener esta catástrofe.

Como si la situación no fuera ya desesperada, el alcalde ha descubierto que se está tramitando una ampliación del caudal de extracción. Sí, han leído bien: quieren sacarle aún más agua a un acuífero moribundo. Desde 2007, las empresas tienen permiso para extraer 10 litros por segundo, una cifra ya preocupante. Ahora, buscan ampliarlo hasta 31 litros por segundo.

Eso significa 860.000 litros de agua al día, arrancados de las entrañas de nuestra tierra sin que el ayuntamiento haya sido consultado. Una puñalada por la espalda a un pueblo que ve cómo su recurso más preciado se convierte en un simple número en los balances de una empresa.

La naturaleza, siempre sabia, nos está enviando señales de alarma:

  • Las fuentes se secan.
  • Los campos mueren de sed.
  • Los árboles frutales, antaño abundantes, son solo sombras de lo que fueron.

No sabemos aún si la desaparición de los chumbos, caquis y cerezos que antes poblaban nuestras huertas está directamente relacionada con el abuso del agua, pero el panorama es desolador. Si no ponemos freno a esta barbarie, lo que dejaremos a nuestros nietos será una tierra árida, estéril.

Dúrcal está en peligro de convertirse en un desierto.

Quiero felicitar a nuestro alcalde por su valentía. Por primera vez, tenemos a alguien con la preparación suficiente para plantarle cara a esta crisis con argumentos sólidos. Pero él solo no puede detener esta catástrofe. Es el momento de actuar.

El agua es vida. Sin ella, no hay futuro. No podemos seguir permitiendo que se nos arrebate lo que nos pertenece a todos.

El oceanógrafo Jacques Cousteau advirtió una vez:

“El agua y la tierra, los dos fluidos esenciales de los que depende la vida, se han convertido en latas globales de basura.”

No permitamos que su profecía se cumpla en Dúrcal. Levantémonos. Luchemos. Salvemos nuestras aguas antes de que sea demasiado tarde.

¡SALVEMOS NUESTROS ACUÍFEROS! ¡DEFENDAMOS NUESTRA VIDA!

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